viernes, 30 de noviembre de 2012

El lobo sentimental


El lobo sentimental

El lobo sentimental, lectura para aprender y divertirse
Lucas vive feliz, pero un día le dice a sus padres:
–Ya soy mayor. Ha llegado la hora de que me las arregle por mi cuenta.
–Ya sabía yo que este día iba a llegar–, suspira su padre. –Ven a vernos seguido. Toma mi reloj –le dice el abuelo–. Siempre te ha gustado.
–¡Gracias, abuelo! Me lo llevo solamente porque siempre hay que obedecer al abuelo.
–Hijo, ya tienes que irte –le dice su padre–. Aquí tienes la lista de lo que puedes comer.
Lucas sale del bosque. Al rato tiene hambre. En una esquina, se encuentra con una cabra y sus siete cabritos.
Lucas los ve en su lista, y dice:
–¡Me los comeré!
–Pero no dejes a ninguno vivo –le dice la cabra–, porque sufriría muchísimo sin sus hermanos.
–Comprendo –dice Lucas, conmovido–. No tengo tanta hambre. Lucas prosigue su camino. De repente pasa una niña vestida de rojo de pies a cabeza. Lucas ve que Caperucita Roja está en su lista y le dice:
–¡Te comeré!
–¡Piedad, señor lobo, no me coma! La abuela se pondrá muy triste. ¡Dice que soy la luz de su vida!
Lucas se pone a llorar.
–Mi abuela dice de mí exactamente lo mismo –dice Lucas–. ¡Vete!
Lucas sigue caminando, con la tripa cada vez más vacía. ―¡Soy un sentimental!―, piensa.
Al rato se encuentra con tres cochinitos rosados y gorditos, y ve que están en su lista.
–¡Me los comeré! –les dice.
–¡Antes déjanos cantar por última vez! –le dicen los cochinitos–. ¡Adiós, hermanos!
Al escucharlos, Lucas recuerda a sus hermanos y solloza.
–¡Váyanse! Soy demasiado sentimental –refunfuña. Su tripa se queja cada vez más.
―¡No hay ningún lobo sentimental, como yo!―, piensa Lucas, cuando llega a una casa vieja.
Llama a la puerta y... abre un gigante con aire amenazador. –¡Fuera de aquí!― –le grita.
Eso sí no lo soporta Lucas. Muerto de rabia y de hambre entra en la casa por la fuerza... y ¡se come al ogro, por majadero!
―¡Nunca había comido como hoy!―, piensa Lucas chupándose los dedos. De repente, oye unos lamentos. Al fondo de la habitación hay unos niños encerrados en una jaula. Abre la puerta.
–Soy Pulgarcito, y éstos son mis hermanos. ¡Gracias a usted el ogro no nos comerá!
–¡Ah! –exclama Lucas riendo–. Hoy es su día de suerte.
Luego, con su mejor letra, añade a la lista de papá: ―Ogro―.
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Mary Brandt, Cocineritos. México, SEP-Tecolote, 2003.

Vaca Blanca


Vaca blanca

Vaca Blanca, lectura para aprender y divertirse
Vaca Mancha era de todas las vacas la más hermosa.
Al igual que las demás tenía manchas, sólo que las suyas no eran comunes. Tenían forma de nube, estrella y pez.
Vaca Mancha soñaba con viajar, conocer más lugares y hacer nuevos amigos.
Un buen día, aburrida de lo mismo, caminó hacia otros pastizales. Y allí fue donde lo vio.
Estacionado afuera de la granja de don Alonso, había un pequeño coche amarillo con un letrero de "Se vende".
Vaca Mancha imaginó en un segundo todos los lugares que podría conocer viajando en él... pero para qué ilusionarse si no tenía dinero con qué comprarlo... a menos que... ¡vendiera sus manchas!
Y eso hizo. Una se la vendió al cielo, otra fue para su amiga la noche y la última, la que tenía forma de pez...se la quedó el río. Al día siguiente muy temprano, se fue con don Alonso y compró el coche.
Luego hizo su maleta, se despidió de sus amigas...e inició su viaje.
Ya no era más Vaca Mancha, ahora se llamaría Vaca Blanca y estaba muy contenta con su nueva vida.
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Ana Paula Rosales, Vaca Blanca. México, SEP-SM, 2004

El clima de cuatro estaciones


El clima de cuatro estaciones

El clima de cuatro estaciones, electura del rincón de lectura de sallita
Invierno, primavera, verano, otoño... ¿Les suenan estos nombres?

El invierno es la estación en la que las plantas y los animales parecen dormir.

En la primavera empiezan a florecer los árboles, y el sol calienta un poco más cada día.
Después de la primavera, viene el verano con días muy calurosos y soleados, tras los cua les poco a poco llega el otoño: las plantas empiezan a perder las hojas y la gente se empieza a abrigar. ¡Todo se prepara para soportar el frío y tormentoso invierno!

En el lugar donde vivimos, ¿hay cuatro estaciones? En invierno, ¿hace buen tiempo, o nieva y hace mucho frío? Y en verano... ¿van a meterse a un río, una alberca, o tal vez la playa? Éste clima de cuatro estaciones es el clima típico de las zonas templadas.

Pero también, en muchos lugares del mundo, hay otro clima, que tiene sólo dos estaciones: una estación en la que llueve muchísimo y otra en la que casi no llueve nunca. Se trata del tiempo o la época de lluvias, la estación húmeda, y el tiempo o la temporada de secas, la estación seca, y en ambas siempre hace calor. Esto sucede en las zonas tropicales.

En los polos, en cambio, el clima es polar: siempre hace frío, incluso en verano. En los polos la diferencia entre el verano y el invierno es que el Sol no sale durante el invierno, o sea que siempre es de noche, mientras que en verano no se pone nuca, de modo que siempre es de día. En los polos el día y la noche duran... ¡seis meses cada uno!

Las plantas, los animales y las personas nos acostumbramos a las estaciones del lugar en el que vivimos, pero todos tenemos nuestra estación preferida.
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Nuria Roca, "El clima de las cuatro estaciones" en El clima. México, SEP-Edebé, 2006.

cuentos Sobre Valores Humanos


Una tarde, mientras un grupo de niños jugaban en un campo muy cerca de su colegio, uno de ellos se encontró un pequeño grillo de ojos muy grandes y color verde que cantaba sin cesar una bella canción que llamaba la atención e invitaba a cantar junto a él, melodías al amor.
Pronto otros niños se sumaron al cantar y de repente también comenzaron a bailar, todos juntos y con el mismo danzar, aquellas dulces tonadas que no los dejaban parar, ni siquiera para tomar un descanso y así poder continuar, cantando esas melodías que salían de sus bocas sin parar y que los obligaba a realizar ese baile misterioso que los llenaba de mucha felicidad.
Pronto los maestros, padres, familiares y vecinos se sumaron a la increíble fiesta que se había armado en ese lugar, sin importar a nadie el motivo de tanta felicidad, solo cerrando los ojos para así sentir, cantar y bailar al ritmo de aquellas tonadas que el grillo tocaba sin parar.
Luego de muchas horas de tanto disfrutar, el grillo paró de tocar las bellas melodías que les trajo tanta felicidad y dijo a todos con mucha humildad: “…que linda esta fiesta de amor y fraternidad, que juntos hemos disfrutado en este lugar, no olviden realizarla cada día más y más, en sus dulces corazones con mucho amor, paz y felicidad…” luego con besos de mucho cariño, el pequeñogrillo se despidió de los niños y todos los presentes, no sin antes prometer, que siempre en sus sueños lo volverían a ver, cantando y sonriendo como esa primera vez.
FIN

adivinanzas Navideñas


Hoy les dejamos tres adivinanzas navideñas para los niños a los que más le guste la Navidad. Estas adivinanzas las podrás compartir con tus papitos, hermanitos, amiguitos, primitos, o con quien quieras…
En este caso se trata de adivinanzas navideñas cortas. Este tipo de adivinanzas están pensadas para que desarrolles tu imaginación y llegues a la solución cada vez más rápido. Aquí tienes 3 adivinanzas infantiles navideñas. Inténtalo, prueba tu ingenio!
Zumba que te zumba,
se oye mi son,
en las noches navideñas
hasta que aparece el sol.
Las ciudades se iluminan
y están todos muy alegres,
se cantan villancicos,
se comen turrones y nueces.
¿Qué fiesta es?
Parecemos de algodon y cuando nos juntamos,
cubrimos el monte y los tejados.

Érase una vez en un bosque muy lejano vivían tres ranitas pequeñitas. Eran hermanos, dos hermanas y nuestro protagonista el pequeño Croky. A él le gustaba mucho cantar, pero al contrario que sus hermanas que cantaban muy bien, Croky cuando cantaba parecía un globo deshinchándose.
Su voz era fina y chillona. Por este motivo Croky se sentía muy desdichado. Era bastante infeliz, cuando oía cantar a sus dos hermanitas siempre pensaba que por qué él no lo podía hacer tan bien como ellas. Croky se esforzaba por intentarlo. Se adentraba en el bosque, donde nadie lo veía, y se ponía a cantar y cantar. Pero su voz siempre sonaba igual, por mucho que lo intentara.
Cuentos cortos mira quien salta
Un día mientras se esforzaba en lograrlo no vio, que cerca de él, detrás de unos arbustos se encontraba una anciana tortuga. Cuando terminó, como tantas veces, había sido desastroso. Esta vez no pudo resistir la desesperación y comenzó a llorar desconsoladamente.
De pronto oyó un ruidito que hizo que se detuviera en seco, de detrás del ramaje vio salir a la anciana tortuga que se encaminó pausadamente hacia él. Al acercarse le
preguntó:
-  ¿Qué te pasa pequeño?
Croky se puso muy colorado y respondió:
- Nada que estaba cantando, me ha dado un calambre y… no he podido resistir el dolor.
- ¡Anda ven aquí, y hablemos un rato! Cuéntame la verdad, ¿qué tienes? Quizás yo pueda ayudarte.
Croky obedeció, sentándose a su lado.
- No creo que puedas ayudarme. Nadie puede, por desgracia me encanta cantar es lo que más me gusta en la vida. Pero no puedo, lo hago fatal, en cambio mis hermanitas cantan de maravilla.
La tortuga al oír esto se quedó pensativa. Después dijo:
- ¿Tú crees que tus hermanas cantan muy bien y que nunca lo podrás hacer como ellas?
- Sí, por supuesto -respondió Croky.
- Ya veo -dijo la tortuga- vamos a intentar algo.
Seguidamente se levantó, y con sus lentos andares hizo que Croky la acompañara. Lo llevó a una zona del bosque donde había una profunda gruta. Los dos se introdujeron en ella y la tortuga le dijo:
- Yo me internaré en la cueva. Tú te quedarás aquí y con mi bastón te haré señales, cada vez que oigas un golpe, tendrás que ponerte a cantar. Ten en cuenta que cada vez yo iré adentrándome más y más en la gruta, lo que significa, que para oírte, tendrás que cantar tan fuerte como jamás hayas cantado y procurar vocalizar muy bien para que yo pueda entenderte. ¿Lo has comprendido?
- Sí, sí -dijo Croky- pero lo veo bastante difícil. No sé si podré hacerlo, si mi voz será lo suficientemente potente.
- Bueno es hora de comprobarlo. Yo tengo fe en ti y creo que una ranita con tanta fuerza de voluntad, tanto entusiasmo por algo y la ilusión que tú tienes por cantar, lo logrará.
Dicho esto comenzó a andar. Introduciéndose en la cueva. Al poco rato Croky oyó un ruido y supo que era el golpe del bastón. Se puso inmediatamente a cantar, así continuó y continuó. Cada vez el golpe se oía más lejano, Croky sólo podía pensar en que la tortuga que había sido tan buena con él pudiera oírle. Por lo tanto se esforzó como nunca lo había hecho antes.
Cantó alto muy alto, haciendo que su voz sonara limpia y clara. Y entonces sucedió, al principio no se dio cuenta de que aquella hermosa voz, potente y clarísima salía de su garganta. Pero al sentir que era él el que cantaba así, no se lo podía creer. Y cantó, y cantó tan alto y tan fuerte, que atrajo a todos los animalitos del bosque que lo escuchaban admirados. Pues nunca en sus vidas habían oído algo tan hermoso.
Después de un buen rato cantando, la tortuga y nuestro amigo Croky salieron de la cueva. Lo que allí vieron los dejó admirados, sobre todo a Croky. Todo el bosque entero, estaba allí reunido, conejos, ciervos, aves, ardillas, tortugas… e incluso sus hermanitas aplaudían sin parar gritando: ¡¡bravo, bravo!!
Croky se puso rojo como un tomate, mas su corazón quería estallar de felicidad, sus ojos se inundaron con lágrimas de emoción. Era el día más feliz de su corta vida.
Cuando se recuperó un poco, se dirigió a la tortuga:
- ¡Gracias, muchas gracias!, sin ti nunca lo hubiera conseguido. ¿Cómo lo has hecho?
- No lo he hecho yo Croky -le respondió la tortuga- sino tú. Tú siempre has tenido esa hermosa voz dentro de ti, pero el temor y la falta de confianza la tenían atrapada muy adentro. Al no pensar nada más que en cantar ese temor se desvaneció, dejándola brotar. ¡Y ya basta de hablar y cántanos de nuevo!, que todos estamos impacientes por volver a oír tu melodiosa voz.
Croky se encaminó hacia el claro, todos guardaron silencio y comenzó a cantar desde lo más profundo de su corazón.
FIN

Actividades de Escritura







jueves, 15 de noviembre de 2012









Los niños desarrollando las actividades de lecto-escritura en la Institución Educativa Otoniel Guzmán.

¿Dónde está mi tesoro?

¿Dónde está mi tesoro?, rincón de lecturas de sallita
Cada uno de nosotros tiene un tesoro que cuidar. ¡Los invito a que escuchen el siguiente cuento y descubran cuál es el tesoro del Pirata Brutus!

Un día, el pirata Brutus despertó de la siesta.
—Tengo ganas de jugar con mi tesoro –exclamó.
Tantas ganas tenía que se puso el sombrero al revés y saltó de la hamaca. Fue derechito a buscar su tesoro, pero no lo encontró.
Así que Brutus subió a su barco pirata y navegó alrededor de la isla.
Luego se acercó a una orilla y se bajó. Justo ahí, medio escondido en la arena, había un cofre chiquitito.
Lo abrió de un soplido. Dentro encontró un montón de caramelos y unas monedas de chocolate.
—¡Éste no es mi tesoro! —protestó Brutus.
Y siguió caminando. Dio la vuelta a una palmera. Entonces, de la rama más alta cayó un cofre bastante grande.
Brutus lo abrió con uno de esos gritos de pirata que destapan lo que sea. Metió la mano y sacó cocos de oro y plátanos de plata.
—¡Tampoco es el tesoro que busco! —gruñó malhumorado.
Así que Brutus emprendió viaje nuevamente, cruzó la selva varias veces porque se perdió, aunque era muy orgulloso y no lo quiso reconocer, hasta que, de repente, tropezó con un loro parlanchín que le recitó:
—¿Qué es una cosa que empieza con T y rima conmigo?
El pirata no podía perder el tiempo en adivinanzas, por eso, acertó a la primera y el loro tuvo que entregar el premio.
Un cofre enorme.
Brutus abrió el tesoro de un cabezazo y dentro vio las estrellas, la Luna y un cubito de hielo para el chichón.
—¡Este tesoro ni lo conozco! —se impacientó.
Así que se alejó corriendo, trepó a una montaña de caracoles y algas hasta que alcanzó la cima. Ahí, debajo de una piedra, descubrió un cofre gigante.
Brutus lo abrió de una patada; con la pata de palo, claro.
Dentro estaba nada más y nada menos que el Sol, y de un rayo luminoso colgaba una etiqueta que decía: ―"Señor pirata Brutus, éste es el tesoro más inmenso que existe, no va a encontrar uno mejor."
—¡No me interesa! —chilló el pirata— ¡Cuando digo mi tesoro, es mi tesoro! ¡Quierooooo miiii tesoroooo!
Tantas ganas tenía de jugar con su tesoro que se enfureció, y la isla tembló.
Los peces perdieron algunas escamas. Las olas creyeron que era la hora de la tormenta.
Hasta el sombrero que tenía puesto al revés, salió volando.
Al final, un lagrimón le resbaló por la mejilla. Tan triste se puso que casi inundó el mismísimo mar. Pero en eso...
—¡Hola papá! –saludó la piratita Brutilda, desde la playa.
—¡Tesoro mío! –se alegró Brutus– Te estaba buscando...
Y los dos pasaron una tarde de lo más divertida, jugando a los indios.

Ahora ya sabemos cuál es el tesoro del pirata Brutus. Ustedes ¿tienen un tesoro parecido? Y, por cierto, ¿quién sabe qué es lo que empieza con T y rima con loro?
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Gabriela Keselman, ¿Dónde está mi tesoro? México, SEP-Alfaguara, 1999.


El zorro y el caballo

El zorro y el caballo, rincón de lecturas de sallita
Un campesino tenía una vez un caballo fiel, pero que se había vuelto viejo y ya no podía trabajar, por lo que su amo le escatimaba la comida. Al fin le dijo:
–Ya no puedo utilizarte, aunque todavía te tengo cariño; si me demostraras que tienes fuerza suficiente para traer un león hasta nuestra casa, te mantendría hasta el fin de tus días. Pero ahora vete de mi establo.
Y le abrió la puerta, dejándolo en medio del campo.
El pobre caballo estaba muy triste, y buscó en el bosque un cobijo donde resguardarse del viento y la lluvia. Pasó por allí un zorro, que le dijo:
–¿Por qué bajas la cabeza y vagas por el bosque?
–¡Ay de mí –contestó el caballo–. La avaricia y la honradez no pueden vivir juntas. Mi amo se olvida de todos los servicios que le he prestado durante largos años, y como ya no puedo trabajar, no quiere mantenerme y me ha echado de su establo.
–¿Sin ninguna consideración? –preguntó el zorro.
–El único consuelo que me ha dado ha sido decirme que si yo tuviese fuerza bastante para llevarle hasta casa un león, me guardaría y me mantendría; pero bien sabe él que esta hazaña no la puedo hacer.
Dijo el zorro:
–Te quiero ayudar. Échate aquí y estira las patas como si estuvieras muerto.
El caballo hizo lo que el otro le dijo, y el zorro se fue en busca del león a contarle:
–En el bosque hay un caballo muerto. Ven conmigo y verás qué rico bocado.
El león le siguió y, cuando hubieron encontrado al caballo, el zorro le dijo:
–Aquí no podrás comértelo cómodamente. Yo te diré lo que tienes que hacer. Te ataré al caballo y así podrás llevártelo a tu guarida y comértelo a placer.
El plan agradó al león, que se colocó muy quieto cerca del caballo, mientras el zorro le ataba a ál. Ataba el zorro las cuatro patas del león con la cola del caballo, tan juntas y tan prietas y con unos nudos tan fuertes, que a la fiera le era imposible moverse. Cuando acabó su trabajo, dio una patada en el lomo del caballo y dijo:
–¡Vamos, amiguito! ¡Adelante!
Entonces el caballo se alzó y echó a correr, arrastrando al león tras de sí. Enfurecido el león, rugía tan fuerte que todos los pájaros del bosque se aterrorizaron y echaron a volar. Pero el caballo le dejó rugir y no se detuvo hasta estar ante la puerta de su amo.
Cuando el amo le vio llegar con el león prisionero, se entusiasmó y le dijo:
–Ahora te quedarás conmigo por todos los días de tu vida.
Y le alimentó, hasta que el caballo murió.
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Jacob Grimm, Cuentos de Grimm. México, SEP-Juventud, 2002

La tortuga 

La tortuga (cuento zapoteco), rincón de lecturas de sallita
Cuando bajaron las aguas del Diluvio, era un lodazal el valle de Oaxaca.
Un puñado de barro cobró vida y camino. Muy despacito caminó la tortuga. Iba con el cuello estirado y los ojos muy abiertos, descubriendo el mundo que el sol hacía renacer.
En un lugar que apestaba, la tortuga vio al zopilote devorando cadáveres.
—Llévame al cielo –le rogó–. Quiero conocer a Dios.
Mucho se hizo pedir el zopilote. Estaban sabrosos los muertos. La cabeza de la tortuga asomaba para suplicar y volvía a meterse bajo el caparazón, porque no soportaba el hedor.
—Tú que tienes alas, llévame —mendigaba.
Harto de la pedigüeña, el zopilote abrió sus enormes alas negras y emprendió el vuelo con la tortuga a la espalda.
Iban atravesando nubes, y la tortuga, con la cabeza escondida, se quejaba:
—¡Qué feo hueles!
El zopilote se hacía el sordo.
—¡Qué olor a podrido! –repetía la tortuga.
Así hasta que el pajarraco perdió su última paciencia, se inclinó bruscamente y la arrojó a la tierra.
Dios bajó del cielo y juntó sus pedacitos. En el caparazón se le ven los remiendos.
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Tradición popular, ―La tortuga‖ en De aluxes, estrellas, animales y otros relatos. México, SEP-Sans Serif, 1991.


Trabalenguas.

Trabalenguas, rincón de lecturas de sallita
Los reto a que repitan este trabalenguas sin equivocarse. [Esta es una lectura muy corta. Hay que
repetirla varias veces, con los niños.]

El dragón tragón
tragó carbón
y quedó panzón,
panzón quedó el dragón
por tragón,
¡qué dragón tan tragón!




Ahora que ya se lo saben, a ver si consiguen que sus papás también se lo aprendan.
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Martha Sastrías de Porcel, ―Trabalenguas‖ en Cómo motivar a los niños a leer. México, SEP-Pax, 1993.


¡Hola hermanito!

Hola hermanito, rincón de lecturas de sallita
Nunca olvidaré el instante en que viste por primera vez a tu hermanito recién nacido.
–¡Oh! –dijiste. Sólo dijiste –¡Oh! –Pero te quedaste mirándolo un buen rato.
El bebé arrugó la nariz, estornudó y bostezó.
Pero no se despertó.
–¡No sabe hacer nada! –dijiste por fin–.
Qué pequeño es. Y qué naricita… No hace más que dormir. Ya podría despertarse un momento.
Entonces le tocaste la nariz con el dedo. El bebé se despertó, abrió la boca bien grande… y se puso a llorar.
Tú te tapaste los oídos con las manos.
Mami cogió al bebé y lo metió entre sus brazos.
–¿Por qué no para de chillar? ¡No soporto tanto ruido! –gritaste–.
¡Papa´, dile que se calle!
Y, de un salto, te subiste a mis piernas.
–No me gusta nada este bebé –me dijiste al oído.
–pero seguro que a él le va a encantar tener una hermanita tan grande –te susurré yo.
Y te estreché bien fuerte y te di un beso.
Yo mecía a mi niña y tú mecías a tu osito de peluche. Me encantaba tenerte en mis brazos. Aunque ya no eras, claro, un bebé.
Pronto el pequeño dejó de llorar y se durmió otra vez.
–Bueno, ya le he visto –me susurraste–. ¿Volvemos a casa?
Y eso fue lo que hicimos.
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Robie H. Harris, ¡Hola, hermanito! México, SEP-Serres: Océano, 2004.


Riquirrirrín y riquirrirrán

Riquirrirrín y riquirrirrán, rincón de lecturas de sallita
☆ Riquirrirrín y Riquirrirrán
son dos pececitos
que en el agua están;
son tan parecidos y nadan tan igual,
que no sé decir quién es
Riquirrirrín y quién Riquirrirrán.



☆ Los ojos tienen sus niñas,
las niñas tienen sus ojos,
y los ojos de las niñas
son las niñas de mis ojos.

¿Qué es la niña de un ojo? ¿Qué quiere decir que algo es la niña o las niñas de nuestros ojos? Yo los quiero a ustedes como a las niñas de mis ojos.
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Riquirrirrín y Riquirrirrán (Selección de Marta Acevedo). México, SEP, 1990.