¡Hola hermanito!

Nunca olvidaré el instante en que viste por primera vez a tu hermanito recién nacido.
–¡Oh! –dijiste. Sólo dijiste –¡Oh! –Pero te quedaste mirándolo un buen rato.
El bebé arrugó la nariz, estornudó y bostezó.
Pero no se despertó.
–¡No sabe hacer nada! –dijiste por fin–.
Qué pequeño es. Y qué naricita… No hace más que dormir. Ya podría despertarse un momento.
Entonces le tocaste la nariz con el dedo. El bebé se despertó, abrió la boca bien grande… y se puso a llorar.
Tú te tapaste los oídos con las manos.
Mami cogió al bebé y lo metió entre sus brazos.
–¿Por qué no para de chillar? ¡No soporto tanto ruido! –gritaste–.
¡Papa´, dile que se calle!
Y, de un salto, te subiste a mis piernas.
–No me gusta nada este bebé –me dijiste al oído.
–pero seguro que a él le va a encantar tener una hermanita tan grande –te susurré yo.
Y te estreché bien fuerte y te di un beso.
Yo mecía a mi niña y tú mecías a tu osito de peluche. Me encantaba tenerte en mis brazos. Aunque ya no eras, claro, un bebé.
Pronto el pequeño dejó de llorar y se durmió otra vez.
–Bueno, ya le he visto –me susurraste–. ¿Volvemos a casa?
Y eso fue lo que hicimos.
–¡Oh! –dijiste. Sólo dijiste –¡Oh! –Pero te quedaste mirándolo un buen rato.
El bebé arrugó la nariz, estornudó y bostezó.
Pero no se despertó.
–¡No sabe hacer nada! –dijiste por fin–.
Qué pequeño es. Y qué naricita… No hace más que dormir. Ya podría despertarse un momento.
Entonces le tocaste la nariz con el dedo. El bebé se despertó, abrió la boca bien grande… y se puso a llorar.
Tú te tapaste los oídos con las manos.
Mami cogió al bebé y lo metió entre sus brazos.
–¿Por qué no para de chillar? ¡No soporto tanto ruido! –gritaste–.
¡Papa´, dile que se calle!
Y, de un salto, te subiste a mis piernas.
–No me gusta nada este bebé –me dijiste al oído.
–pero seguro que a él le va a encantar tener una hermanita tan grande –te susurré yo.
Y te estreché bien fuerte y te di un beso.
Yo mecía a mi niña y tú mecías a tu osito de peluche. Me encantaba tenerte en mis brazos. Aunque ya no eras, claro, un bebé.
Pronto el pequeño dejó de llorar y se durmió otra vez.
–Bueno, ya le he visto –me susurraste–. ¿Volvemos a casa?
Y eso fue lo que hicimos.
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Robie H. Harris, ¡Hola, hermanito! México, SEP-Serres: Océano, 2004.
Robie H. Harris, ¡Hola, hermanito! México, SEP-Serres: Océano, 2004.
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