jueves, 15 de noviembre de 2012


Crisantemocrisantemo II II

Ya me anda por saber qué le pasó a Crisantemo. Espero que ustedes tengan tanta curiosidad como yo.
Al día siguiente, Crisantemo se puso el vestido de los siete bolsillos y los llenó con los objetos que más quería, incluido el amuleto de la buena suerte.
Tomó el camino más largo para ir a la escuela.
Cada rato se detenía para ver las flores que encontraba a su paso, y éstas parecían llamarla: ―Crisantemo, Crisantemo, Crisantemo.‖
Aquella mañana los niños conocieron a la que iba a ser su maestra de música, la señorita Estrella.
Su voz era de ensueño, al igual que toda ella.
Los alumnos se quedaron boquiabiertos durante un buen rato. La señorita Estrella les resultaba absolutamente maravillosa. Y todos hicieron lo imposible por causarle una buena impresión.
La señorita Estrella mandó a los niños a entornar la escala y luego asignó a cada uno el papel que iba a representar en el festival de la escuela.
Victoria fue seleccionada para representar a la Reina Hada. A Josefina se le asignó el papel de Duende Mensajero. Y Crisantemo sería la flor Margarita.
―Mi nombre también es largo ―dijo la señorita Estrella.
―¿Largo? Se extraño Josefina.
―Y... ―agregó la señorita Estrella― ¡yo también me llamo como una flor!
―¿De veras? ―preguntó Victoria.
―De veras ―respondió la maestra Estrella―. Mi nombre es Malvarrosa Estrella. Y si el bebé que estoy esperando es una niña, le pondremos Crisantemo. Me parece un nombre absolutamente perfecto.
Crisantemo no podía dar crédito a lo que estaba oyendo.
Se ruborizó. [Se puso colorada]
Se sentía feliz.
Estaba radiante.
Crisantemo... Crisantemo... Crisantemo...
Josefina, Rita y Victoria miraban ahora a Crisantemo con cierta envidia...
―Díganme Amapola ―dijo Josefina.
―A mí, Clavelito ―sugirió Rita.
―A mí, Azucena ―concluyó Victoria.
Crisantemo ya no solamente pensaba que su nombre era perfecto: ¡estaba totalmente convencida!
Al final, el número musical de la clase fue todo un éxito. Crisantemo estuvo magnífica en el papel de Margarita.
El único error lo cometió Victoria: se le olvidaron los versos que tenía que decir la Reina Hada.
A Crisantemo la obra le pareció divertidísima y, durante el Baile de las Flores, no pudo contener la risa.
Poco después, la señorita Estrella dio a luz a una preciosa niña.
Y, por supuesto, le puso el nombre de Crisantemo.
Hay nombres más frecuentes, nombres más raros, nombres que nunca habíamos oído... Pero todos merecen respeto y todos podemos estar orgullosos de nuestro nombre, como Crisantemo.
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Kevin Henkes, Crisantemo, Teresa Mlawer, ilus. México, SEP-Everest, 2003.

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